viernes, 12 de julio de 2013

Grandes erupciones del Popocatépetl

En busca de algo interesante que decir sobre el Popocatépetl -algo que no se hubiera repetido ya mil veces en todos los noticieros- y también movido por mi curiosidad sobre los volcanes en general y los nuestros en particular, me puse a hurgar en Google Scholar, el buscador de Google especializado en artículos y libros académicos. Descubrí que hay mucha investigación sobre los volcanes de la Sierra Nevada de México: el Popocatépetl y el Iztaccíhualt, desde luego, pero también otros que hasta hoy yo no sabía que existían -el Telapón y el Tláloc. De paso también di con artículos sobre la estructura geológica del Nevado de Toluca (o Xinantécatl, por su bonito nombre en náhuatl) y sobre el monte Ajusco, quizá la montaña que más cerca tengo del corazón. Lo que me extraña es lo poco de esta información que ha llegado al público... o por lo menos a mí.

Encontré un artículo publicado en mayo de 1996 en la revista Geology por Claus Siebe y José Luis Macías, del Instituto de Geofísica de la UNAM, Michael Abrams, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y Johannes Obenholzner, del Instituto de Ciencias de la Tierra de Austria. El artículo se titula "Repeated volcanic disasters in Prehispanic time at Popocatépetl, central Mexico: Past key to the future?" (que podríamos traducir así "Desastres volcánicos del Popocatépetl en tiempos prehispánicos: ¿clave de su futuro?"). Siebe y colegas cuentan que examinaron las capas de despósitos volcánicos en varios sitios de la falda del volcán. En las columnas estratigráficas que construyen a partir de este análisis encuentran ceniza, piedra pómez, evidencia de deslaves, y en algunos lugares pedazos de cerámica, restos de viviendas y surcos de tierra arada. A partir de pruebas de carbono radiactivo determinan que hay evidencia de tres erupciones catastróficas en los últimos 5,000 años. Lo malo es que estas pruebas sólo permiten ubicarlas con una precisión de entre 400 y 600 años. Las fechas que obtienen Siebe, Abrams, Macías y Obenholzner son éstas:
  • entre 3200 y 2830 a. C.
  • entre 800 y 215 a. C. y
  • entre 675 y 1095 d. C
¿Y cómo saben la magnitud de estas erupciones, dos de las cuales ocurrieron ya con habitantes en la zona, como indican los restos de cerámica, etcétera? Los autores citan dos artículos de Bursik, Sparks y colaboradores, publicados en 1992, en los que estos autores estudian la distribución de partículas de cenizas, arenas y rocas de distintos tamaños y aplican un modelo físico para deducir la altura de la columna de gases y ceniza que las despositó. Usando este mismo método (con todas sus suposiciones e imprecisiones), Siebe y colegas deducen que la altura de las columnas de estas tres erupciones fue de más de 25 kilómetros, lo que quiere decir que las corrientes de las capas superiores de la atmósfera deben haber dispersado el material por todo el mundo. 

Y si lo dispersaron por todo el mundo, tal vez estas erupciones hayan dejado huellas en otras partes. Los autores citan el trabajo de unos glaciólogos (expertos en hielo) dirigidos por G. A. Zielinski. Zielinski y sus amigos han analizado las muestras cilíndricas de hielo extraídas de los glaciares de Groenlandia por el proyecto GISP2. Estas muestras de hielo tienen franjas formadas por la acumulación de nieves más densas en invierno que en verano. Contando franjas se puede saber con mucha precisión en qué año se depositó una determinada capa de hielo (como con los árboles, pero por razones distintas). En las muestras cilíndricas extraídas en Groenlandia se han encontrado arenas del desierto de Gobi, plomo proveniente de las forjas de la Roma antigua y otras sorpresas. Por ejemplo, en los hielos de Groenlandia (y de la Antártida) también quedan registradas las grandes erupciones volcánicas en forma de partículas despositadas en la capa gélida y el registro se puede leer utilizando un método inventado en los años 80 (lo que nos lleva a oooootro artículo, pero no entremos en tantos detalles). Zielinski et al. resumen en su artículo 7, 000 años de actividad volcánica de gran magnitud. Siebe y sus amigos sólo tienen ojos para una erupción que ocurrió exactamente en el año 823 d.C.: seguramente es la tercera de sus erupciones del Popocatépetl (que sería la más reciente de las grandes, GRANDES, erupciones de este volcán: las que se han producido desde tiempos de la Colonia no se consideran muy grandes y ninguna ha sido catastrófica).

Siebe, Abrams, Macías y Obenholzner luego observan que sus dos últimas grandes erupciones coinciden más o menos bien con el inicio y el final del Periodo Clásico de la arqueología mesoamericana, y en particular con el ascenso y caída de dos grandes ciudades-estado de la región: Teotihuacan y Cholula, y proponen que el volcán pudo haber tenido que ver con el asunto (después de todo sabemos con certeza que las erupciones del volcán Xitle hace dos mil años acabaron con el poderío de la gran Cuicuilco, lo que luego permitió que surgiera Teotihuacan como centro de poder).

Qué bonito rompecabezas. Pero, como todo en la ciencia, tiene sus bemoles: en artículos posteriores a 1996, fecha de publicación del trabajo de Siebe et al. encuentro una comparación entre los registros de actividad volcánica que se obtienen de muestras de hielo tomadas de tres estaciones en Groenlandia. Sólo en uno de estos registros aparece la erupción del año 823. Sí se confirma, en cambio, una erupción en el 871, pero otros indicios señalan que esa erupción ocurrió muy cerca de Groenlandia, lo que excluye que pueda ser la tercera gran erupción del Popocatépetl que encuentran Siebe y sus amigos. Lo que tendría yo que hacer ahora es preguntarles a los investigadores si después de su artículo de 1996 se han ocupado de fechar mejor sus tres erupciones. Haré el intento. Informaré más tarde... si no me dan metafóricamente con la puerta en las narices por aguafiestas.

Al final de su artículo Siebe et al. señalan que, tomando en cuenta las incertidumbres de sus métodos, entre sus dos erupciones más recientes pueden haber transcurrido 1038 o 1622 años y añaden: "Si suponemos que este lapso aproxima aunque sea crudamente el intervalo entre erupciones, y extrapolando al futuro, podría producirse otra erupción catastrófica antes del siglo XXII. Nuestra extrapolación es muy especulativa, basada como está en información escasa y una suposición aventurada, pero sí suscita preguntas importantes. ¿Es la presente actividad del Popocatépetl un breve interludio en una larga cadena de erupciones inocuas desde la Conquista? ¿Es capaz el volcán de volver a las erupciones más violentas y destructivas que lo caracterizaron en el periodo prehispánico? Nuestro conocimiento actual del volcán y nuestra capacidad de interpretar los datos que arroja el monitoreo no permiten contestar con certeza estas preguntas."

Lo dicho en 1996 sigue siendo válido en 2013.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos:

En la página de la fundación Ipan tepeme ihuan oztome, se puede descargar el libro Atlas arqueológico de la alta montaña en México, en la sección dedicada al Popocatepetl aparece un recuento de su actividad volcánica basado en la fuentes históricas.

Sergio de Régules dijo...

Gracias. Le echaré un ojo.

Anónimo dijo...

Gracias profe Sergio, muy interesante, como siempre

Rubén Aguilar dijo...

Buenas Tardes Profesor de Régules,

Es muy interesante como describe los resultados de su investigación; lo hace de una manera muy amena y clara que realmente invita a poder desarrollar investigación por nuestra cuenta para muchos otros temas buscando copiar su modelo.
He leído todos su libros y me han ayudado a "relatar" historias que complementan la teoría en física, matemáticas y química que les enseñan en el colegio.
Desafortunadamente, existen "profesores" malos (qué digo malos, malísimos)que desaniman a los alumnos a que puedan realizar investigaciones de la manera como usted lo hace, y además odien las ciencias (he tratado de convencer a mi hijo que no deje el área de ciencias, pero sus profesores no ayudan al sacar sus traumas y falsa posición de superioridad).
No me pierdo ninguno de sus temas en su sección "Imagen en la Ciencia", buscando que con sus artículos, sus libros y lo que yo le pueda enseñar, evite que mis hijos se "vayan" al lado oscuro de las carreras administrativas por evitar ciencias.
Gracias por su atención y muchas felicidades.

Sergio de Régules dijo...

Estimado Rubén,
Gracias por sus amables palabras. Sí, en efecto, parte de mi intención como divulgador es mostrar que uno puede más o menos buscar por su propia cuenta en los artículos científicos especializados. Por lo general, mientras más sepa uno de ciencia, más fácil le será entender el lenguaje en que están escritos esos artículos, pero siempre se puede sacar algo de leerlos por uno mismo. Creo que una bonita forma de enseñar la ciencia por lo menos a nivel preparatoria es leer con los alumnos artículos especializados escogidos para poderse interpretar sin grandes conocimientos teóricos para que los alumnos vayan viendo como se escribe y como se lee un artículo de investigación. Esto les enseñaría cómo se hace ciencia en vez de únicamente una serie de resultados añejos para aprenderse de memoria. Lo malo es que los programas escolares que hay que cubrir como profesor no incluyen nada -pero NADA- más allá de resultados añejos: nada de epistemología, nada de práctica real de la ciencia, nada de cómo funciona la ciencia como institución. Así no se puede esperar que haya muchos alumnos que se interesen en la ciencia.
Yo trato de hacerlo en mis clases (también soy profe de prepa), y cuando nos tomamos el tiempo de hacerlo nos divertimos mucho, pero con tres horas de teoría a la semana y una de laboratorio no queda tiempo para llegar muy lejos en el programa. Es un dilema: ¿cubro el programa o les enseño cómo es de veras la ciencia?

Mario Alberto Mora Lara dijo...

Gracias Sergio

que interesante que ahora que tenemos tanta información al alcances de unos clics, no debemos olvidar buscar mas referencias y cruces con otras fuentes para enriquecer el conocimiento, y no solo quedarnos con lo primero que encontramos

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

¡Epale! ¿como que "lado oscuro" de las ciencias administrativas? jejejeje, lso contadores no somos cientificos, pero tampoco andamos con mascaras metalicas y respiracion asmatica... bueno, los Auditores de Hacienda si son asi, retiro lo dicho.
Jeje, saludos